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sábado, 14 de diciembre de 2013

Alcanzando el edén.

Se hallaba totalmente dichosa hacía un nuevo día. Desde lejos se podía contemplar el resplandor de su pupila, que hacía tiempo se notaba opaca y oscura. Sus llamativos y largos cabellos cobrizos penetraban en la mirada de cualquier observador. Sus pasos transmitían serenidad y aplomo, era tanto así que al caminar se podían oír los violines de una orquesta interpretando la sínfonia n.• 5 del gran Tchaikovsky. Hace una década no se le veía irradiar a esa mujer como en aquel alba.
Aquella mañana soleada ella viajaba sin rumbo alguno,  yo la seguía pues me extrañaba su entusiasmo repentino. Al parecer estaba destinada a la montaña que llamaban "paraíso" nombre que surgió debido a la altura de esa cordillera. La dama se detenía solo a comer y beber agua, el resto era travesía, que al parecer no tenía fin. Y así fue como pasaron muchas horas, hasta que la doncella llegó al pico de la montaña. Yo, todavía con mucha curiosidad sobre el asunto, subí también.
Allí  estaba, aquella rara señorita, era extraño, estiraba su mano derecha mientras que su dedo índice lo elevaba con mucho entusiasmo hacia aquel resplandeciente cielo. Luego, con ambas manos parecía tocar algo con sus largos dedos, como si intentara palparlo o manosearlo. En su rostro se podía ver la felicidad que éste acto le producía.
Hasta hoy no conozco con certeza lo que ella intentaba tantear.


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