Buscar este blog

domingo, 22 de diciembre de 2013

Cuando el tiempo no es idóneo.

Al parecer esa noche el recuerdo fue tan profundo como una dulce herida penetrante, de esas que lastiman y alivian. Las estrellas al igual que yo tampoco podían encontrar el sueño, pues me miraban con grandes ojos suplicantes. De modo que convertí miradas en un largo dialogo. 

El efecto de esa larga oscuridad estaba reflejado en periodos que un día no empleé y mucho menos exploté.  Ahora el lamento forma parte de todo. Y así se transforma en  inconcebible el anhelo tan poderoso y vigoroso por un pasado que jamás renacerá. Las imagenes del ayer emergieron de un lugar tan distante, tenían una intensión de complementar el  clamor con llanto.

Mi debilidad fue el intérprete más importante  de la obra. Con segundarios      como el arrepentimiento, que jamás se alejan de mi.
Temo que eternamente lo que una vez dejé y deposité a espalda renazca para perjudicarme.

Extensas horas pasaron, tanto esas estrellas oyentes y yo alcanzamos el coma más abismal que se conoce.







No hay comentarios:

Publicar un comentario