Desde lejos se acercaba y de una distancia bastante alejada sus grandes ojos café me miraban como con suavidad. Parecía que jamás iba a llegar a mi, pues daba grandes y largos pasos sin avanzar en lo más mínimo. Su cabello, tan claro como la luna de ayer, hacía pequeños movimientos producidos por la brisa. Y su rostro tan puro reflejaba gloria desde la distancia. Contemplé por tiempo indefinido su caminar, sus movimientos, y lo que reflejaba todo su ser.
El silencio se hacía cada vez más fuerte y sus pasos al parecer eran en vano.
Su viaje se notaba cada vez mas largo y doloroso, sin embargo mis ojos divisaban como se aproximaba y a la vez se alejaba.
Por un momento, dejé que mi vista buscara un rumbo fijo y fue entonces cuando empezaron a brotar Almendros y Pinos de diferentes texturas y colores. Lirios y narcisos nacieron de la nada. Pero era tanto su brillo que no podía dejar ojear el centro de todo esto.
Mi voz se quebraba cuando momentáneamente grité:
-¿A dónde vas? ¿A dónde vamos?
Ahora estoy aquí, esperando su llegada y una respuesta.