Pocas veces me he detenido a redactar sobre un tema en específico o una lectura en general. Pero, en este caso, El Coronel no tiene quien le escriba, no podía pasar por alto.
Como casi siempre ocurre, García Márquez me encadena a sus historias exquisitas en lenguaje. Ésta novela corta publicada en 1961 no es la excepción.
La primera vez que leí El Coronel no tiene quien le escriba me hallaba en una espera muy alarmante. Desconocía por completo el argumento de la novela, sin embargo me centré en la leída. Fue tanto así que quedé con muchas expectativas.
Sobre la popularidad de la novela, me atrevo a destacar que es tan difícil leer una obra famosa como una irreconocible, sobre todo por el apogeo del autor, pues la mayoría de las veces se le da gran valoración. Esto es porque la gente suele buscar más allá de lo que trata de expresar el escritor. Y lo recalco ya que recreé, por alguna razón, al coronel en Macondo con el joven Aureliano Buendía. Mi imaginación me llevó a aquel pueblo no tan ficticio al parecer.
Ahora, en cuanto a lo que nos dice García Márquez, se puede observar una lectura, por así decirla, "poética", pues el autor recalca la belleza del lenguaje, con la expresión que le da. Por ejemplo, cuando se señala la ilusión "no se come, pero alimenta", cuando el coronel le sirve la taza de café a su esposa enferma, raspando el tarro para retirar lo último que quedaba. Y es así como el relato parece un mar revuelto. La llamó así porque el lector se enfrenta con las palabras y oraciones.
También, por otra parte, encuentro una lectura inocente, sincera y simple. Esa que no va más allá de la expresión. A la que no hay que darle tantas vueltas buscando el significado. Que relata tal y como es.
Muchos afirman que las obras de García Marquéz tienen un contexto amplio, pero no es cierto en su totalidad. Una vez leí una entrevista que le fue realizada, en la cual declaró: "cualquier lector está capacitado para comprender y captar sus matice" refiriéndose a sus obras.
Por eso digo, que el gallo es el gallo y simplemente es un gallo y don Sebas es un viejo afortunado con dinero y tiene que ser así. No hay que buscarle darle la vuelta al asunto.
Y aquí es cuando llego a lo obtenido por la lectura de la novela. Pues la ilusión y la espera es lo que más destaca. Como cada viernes el coronel se dirige a la oficina de correos sin resultados, capaz de decir "Yo no tengo quien me escriba" Como intentar desprenderse y vender lo poco que le queda para subsistir. Y la espera cada vez es más angustiosa, que un día pude llegar a padecer.
Por eso digo, que el gallo es el gallo y simplemente es un gallo y don Sebas es un viejo afortunado con dinero y tiene que ser así. No hay que buscarle darle la vuelta al asunto.
Y aquí es cuando llego a lo obtenido por la lectura de la novela. Pues la ilusión y la espera es lo que más destaca. Como cada viernes el coronel se dirige a la oficina de correos sin resultados, capaz de decir "Yo no tengo quien me escriba" Como intentar desprenderse y vender lo poco que le queda para subsistir. Y la espera cada vez es más angustiosa, que un día pude llegar a padecer.
"Empecé a escribir por casualidad, sólo para demostrarle a un amigo que mi generación era capaz de tener escritores. Después caí en la trampa de seguir escribiendo por gusto y luego en la otra trampa de que nada en este mundo me gustaba más que escribir"(García Márquez)
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