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domingo, 19 de abril de 2015

Musa inventada

Blanca se enamoró de la musa que soñó, a la que cada lunes junto con el café escribía infinitas cartas que sellaba con un beso del color de su sangre.
A la que abrazaba con la brisa,
a la que veía a través de mar.
Y a la que a pesar de ser intangible podía acariciar.

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