De todas las miradas con las que me crucé aquel día la tuya fue la única que me dijo que todo iba a estar bien, la única que me aseguró la tranquilidad que tanto deseaba.
Lograste calmar esa tormenta que no paraba de producir ruidosos truenos en mis pensamientos. Inmediatamente el olor de la lluvia cesando pude percibir.
Siguen cantando los árboles tu nombre, el nombre de tus claros ojos que son capaces de irradiar luces de serenidad.
Ya no busco formas inútiles en las nubes, ni en el mar, ya no hay temor, no siento miedo, ya no miro hacia atrás porque solo en tu rostro puedo hallar mi calma, nuestra calma.
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